Reloj de Datos

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por Federico Álvarez Igarzábal
+[Descripción]

El Reloj de Datos es, en pocas palabras, la versión electrónica de un reloj de arena.  Está formado por dos dispositivos portátiles -Friendly ARM- colocados dentro de una estructura de acrílico, diseñada como una versión moderna de la estructura tradicional de los milenarios relojes, dejando expuestos sus respectivos monitores.
Al darse vuelta el objeto 180 grados se inicia una transferencia de archivos del dispositivo de arriba al de abajo. Las pantallas muestran los nombres de tres archivos y dos barras de progreso, una parcial y una total, con sus correspondientes porcentajes. A medida que estas se vacían en el monitor superior, se cargan en el inferior. De este modo, los archivos que en un principio estaban arriba, comienzan a bajar hasta que la transferencia se completa o el reloj es dado vuelta nuevamente.
La inclinación del Reloj de Datos es calculada por un acelerómetro que envía datos a un software desarrollado específicamente para este uso. A partir de la lectura de esos datos, se determina la dirección de la transferencia y su velocidad, que son afectadas por la inclinación del objeto del mismo modo que ocurre en un reloj de arena: la velocidad máxima se alcanza con el objeto en posición vertical y se disminuye a medida que se inclina, hasta detenerse por completo al llegar a los 90 grados. Pasado este ángulo, el sentido de la transferencia se invierte.

+[Tiempo binario]

El bit reemplaza al grano de arena en esta analogía digital de una de las tecnologías conocidas más antiguas utilizadas para medir el paso del tiempo. ¿Cómo se justifica este esfuerzo absurdo de utilizar artefactos digitales con el fin de crear una versión moderna de una tecnología casi obsoleta, para que funcione exactamente de la misma manera que en la antigüedad?
El Reloj de Datos es un artefacto que mide el lapso que dura su propio proceso de transferencia de datos y nada más. Lo que puede pasar como un artefacto de medida, no es más que un objeto tautológico que mide su propio proceso. Pero esto sucede también con los relojes que utilizamos día a día, con la diferencia de que, al utilizar medidas estandarizadas, se convierten en objetos útiles. Pero lo que hacen es definir una idea de tiempo basada en la medida de sus propios procesos, determinados a partir de una analogía astronómica. Estos, en realidad, no miden nada.
El Reloj de datos quiere recordarnos que la empresa de medir el tiempo es algo que cruza a la humanidad desde los inicios de su historia hasta el día de hoy, y que es una tarea en el fondo absurda, quijotesca. “Cuando miramos el reloj” -dice Martin Heidegger en Los problemas fundamentales de la fenomenología- “damos previamente el tiempo al reloj puesto que el tiempo mismo no está en el reloj”.
A esto se puede agregar que el tiempo quizás ni siquiera exista y se trate de hecho nada más que de un fenómeno de la percepción, un producto del cerebro.  En una de las citas que utilizamos con Mara Balestrini en Oxímoron, una obra instalada en el Chateau CAC en 2009, se podía leer: “Del mismo modo que los colores no existen realmente, tampoco estamos seguros del tiempo en el mundo exterior”.  Esta frase pertenece a David Eagleman, un neurocientífico que estudia los procesos cerebrales a través de los cuales creamos la idea de tiempo. Desde este punto de vista, se trataría entonces de un resultado de la selección natural, es decir, de la evolución y la adaptación al medio. Un mecanismo de nuestra mente desarrollado para interactuar con el mundo exterior. Como tal, sería un condicionamiento, y los relojes un resultado del mismo.
El Reloj de Datos forma parte de una serie de obras plasmadas a partir de las inquietudes que provoca pensar en la idea del tiempo como un producto de la mente. Son juegos que buscan desnudar la verdadera naturaleza de la percepción, cuestionando preconceptos y explorando más allá de los paradigmas.

Bio

Federico Álvarez Igarzábal (1983, Córdoba, Argentina) vive y trabaja en Colonia, Alemania. Es Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Blas Pascal, Técnico Superior en Artes Visuales por la Escuela Provincial de Bellas Artes Dr. José Figueroa Alcorta y Postgraduado en Artes Mediales por la Universidad Nacional de Córdoba.
Trabaja como ilustrador y como realizador audiovisual freelance desde 2006.
En 2009 exhibió junto a la artista Mara Balestrini la instalación interactiva Oxímoron en la muestra de apertura del año del Centro de Arte Contemporáneo Chateau Carreras, obra que ahora forma parte del libro Flashbackup, una antología de arte digital cordobés. En 2010 formó parte del proyecto curatorial Ciudad Sentida, de Tomás Ezequiel Bondone, en el Museo Provincial Emilio Caraffa, con Fragmentos, una serie de videos mono canal. El mismo año realizó la muestra individual Reloj de Datos [RD 1.0] en La Cúpula, Galería de Arte y Medialab, que fue, a su vez, la muestra inaugural de la galería.
Trabajó en 2008 en la Mediateca y Centro de Documentación del Centro Cultural España-Córdoba (CCE-C), donde participó en la formación de la Comicteca, la primera colección pública de comics de la ciudad de Córdoba. También fue uno de los coordinadores del ciclo Caracteres Comunes (2008) del CCE-C y realizó el trabajo de investigación Entre Ríos 40 sobre la historia de la casa Garzón Maceda, la sede del centro cultural, entre otras cosas.
Trabajó en 2009 como editor y asistente técnico en la productora Atrox, Fábrica de Imágenes.
Fue docente del Taller de Celumetrajes, cortometrajes realizados con celulares, en los Campamentos Digitales de Santa Fe, Rafaela y Rosario; del taller Streameame, de la misma temática, durante el San Luis Digital; y profesor del Taller de Celuperiodismo en el Colegio Universitario de Periodismo.

Links:
http://www.oximoronweb.com.ar/
http://original-shit.tumblr.com/

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