Día Mundial del Agua: El agua y la seguridad alimentaria

Fechas
Jueves 22 de marzo ’12 - 0:00 hs.

Iberoamérica. 22 de marzo 2012.
Día Mundial del Agua 2012: El agua y la seguridad alimentaria
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Informe Completo de UNwater.org

 

Programa de ONU-Agua para la Promoción y la Comunicación en el marco del Decenio

 

El Día Mundial del Agua se celebra todos los años el 22 de marzo, para concentrar la atención en la importancia del agua y promover la gestión sostenible de los recursos de agua dulce. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) recomendó en 1992 la creación de un día internacional para celebrar el agua dulce. La Asamblea General de las Naciones Unidas respondió designando el 22 de marzo de 1993 como primer Día Mundial del Agua.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) coordina el Día Mundial del Agua 2012: El agua y la seguridad alimentaria
El mundo tiene sed porque tenemos hambre

Hoy en día hay 7 000 millones de personas que alimentar en el planeta y se prevé que habrá otros 2 000 millones para el año 2050. Las estadísticas indican que todas las personas beben de 2 a 4 litros de agua a diario, sin embargo, la mayor parte del agua que ‘bebemos’ está incorporada en los alimentos que consumimos: producir 1 kilo de carne de vacuno, por ejemplo, consume 15 000 litros de agua, y 1 kilo de trigo se ‘bebe’ 1 500 litros.

Cuando mil millones de personas en el mundo ya viven en condiciones de hambre crónica y los recursos hídricos sufren presiones, no se puede hacer como si el problema estuviera ‘en otra parte’. Afrontar el crecimiento de la población y garantizar el acceso a alimentos nutritivos para todos exige una serie de medidas a las que todos podemos contribuir con lo siguiente:

_consumir productos que hagan un uso menos intensivo de agua;

_reducir el escandaloso desperdicio de alimentos; nunca se consume el 30% de los alimentos producidos en todo el mundo y el agua utilizada para producirlos se pierde definitivamente;

_producir más alimentos, de mejor calidad, con menos agua;

_llevar una alimentación saludable.

En todas las etapas de la cadena de suministro, desde los productores hasta los consumidores, es posible tomar medidas para ahorrar agua y asegurar que haya alimentos para todos.

¿Y tú? ¿Sabes cuánta agua consumes realmente todos los días? ¿Cómo puedes modificar tu alimentación y reducir tu impacto hídrico? Participa en la campaña del Día Mundial del Agua 2012, “El agua y la seguridad alimentaria” … y conoce más!

 

El derecho humano al agua en el contexto del derecho a la alimentación

En 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirmó el derecho de todas las personas a una alimentación adecuada. Sin embargo, el acceso a una alimentación adecuada en las zonas rurales de muchos países en desarrollo depende en gran medida del acceso a los recursos naturales, incluida el agua, que son necesarios para producir alimentos tanto para el consumo directo como para actividades generadoras de ingresos que permitan a las personas comprar alimentos. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 28 de julio de 2010 que el acceso al agua potable y la sanidad es un derecho humano. El acceso a agua potable en cantidad suficiente es un derecho humano al amparo del derecho internacional y figura en la constitución de algunos países. Sin embargo, el derecho al agua en el contexto del derecho a la alimentación es una cuestión compleja. Mientras que el agua potable y para cocinar estaría protegida, el agua para la producción de alimentos probablemente no quedaría comprendida entre las necesidades mínimas de las zonas áridas, ya que la producción agrícola requiere volúmenes tan elevados de agua.

Se requieren grandes volúmenes de agua para producir alimentos

La producción de alimentos, a partir de los cultivos y el ganado, la pesca continental o la acuicultura y los bosques, requiere agua. Esta agua proviene de la lluvia, accesible directamente o a través de la humedad almacenada en los suelos (agua verde) o del agua que se extrae de los ríos, los humedales, los lagos y los acuíferos (agua azul).

Mundialmente, el 70 por ciento de las extracciones mundiales de agua azul se destinan a la irrigación. La agricultura de regadío ocupa el 20 por ciento del total de la superficie agrícola, pero representa el 40 por ciento del total de los alimentos producidos en el mundo. Se requieren, por ejemplo, unos 1 500 litros de agua para producir 1 kg de trigo, 10 veces más para producir 1 kg de carne de vacuno.

La producción de cultivos forrajeros para el ganado, el sacrificio y el procesamiento de carne, la producción de leche y otros productos lácteos también requieren grandes cantidades de agua. Esto eleva particularmente la huella hídrica de los productos pecuarios.

Los productos pesqueros son una fuente importante de proteínas. La producción pesquera de los ríos, humedales y lagos y, cada vez más, de la acuicultura, aporta alrededor del 25 por ciento al total de la producción pesquera mundial. La acuicultura es el sector alimentario de más rápido crecimiento: el promedio del suministro anual per cápita de pescado de la acuicultura creció a una tasa promedio del 6,6 por ciento al año entre 1970 y 2008. La pesca y la acuicultura no consumen agua pero necesitan una cantidad y calidad determinadas del agua en los ríos, humedales, lagos y estuarios y, por lo tanto, son usuarios importantes de agua.

 

Qué nos depara el futuro, cuáles son los retos?

 

La demanda de alimentos crece y cambia

Hay en el planeta más de 7 000 millones de personas que alimentar y se prevé que habrá otros 2 000 millones para el año 2050. Esto, aunado a los cambiamientos previstos en la alimentación, significa que se necesitará un 70 por ciento más de alimentos, hasta un 100 por ciento en los países en desarrollo

Debido a la acelerada urbanización y el aumento de los ingresos, la alimentación está cambiando. El consumo de carne, en particular, se prevé que aumente de 37 kg por persona al año en 1999-2001 a 52 kg en 2050 (de 27 a 44 kg en los países en desarrollo), lo que supone que gran parte de la producción agrícola adicional se destine a alimentar el ganado. Por ejemplo, el 80 por ciento de los 480 millones adicionales de toneladas de maíz que se necesitarán anualmente para el año 2050 se destinarán a los piensos, y la producción de soja tendría que aumentar un cuantioso 140 por ciento para llegar a 515 millones de toneladas para el año 2050.

El cambio climático incrementa los riesgos

Los principales efectos del cambio climático repercuten en los recursos hídricos. Por lo tanto, se sentirán en la agricultura de secano tanto como en la de regadío, lo que incluye la producción de piensos y forrajes para el ganado, así como los productos forestales y la acuicultura. Se prevé una cuantiosa disminución de las lluvias anuales, el escurrimiento de los ríos y la recarga de los acuíferos en la cuenca mediterránea y en las zonas semiáridas de América, Australia y el África austral, que repercutirá en la disponibilidad y calidad del agua en regiones donde ya es escasa. Sin embargo, en algunas zonas de las altas latitudes aumentará el potencial de producción de alimentos. El cambio climático también repercute en los riesgos de extremos de disponibilidad de agua. Todas las regiones experimentarán, en efecto, sequías más frecuentes e intensas, lluvias excesivas e inundaciones que pueden destruir los cultivos y poner en riesgo la producción de alimentos. La población de los entornos frágiles, especialmente si sus medios de subsistencia dependen de la agricultura, afronta un riesgo inmediato y creciente de malas cosechas o pérdida de ganado.

La brecha de género en la agricultura limita la productividad

En los países en desarrollo, el 43 por ciento de los agricultores son mujeres, pero su importancia es todavía mayor de lo que indicaría esta cifra. Sin embargo, las mujeres por lo general no están habilitadas para desempeñarse adecuadamente debido a la desigualdad de acceso a los servicios y a los insumos de los recursos, comprendida el agua. Si las mujeres tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos, podrían aumentar la producción de sus granjas de un 20 a un 30 por ciento. Reducir la brecha de género sacaría del hambre a 150 millones de personas.

Los recursos hídricos son escasos

La escasez de agua ya afecta casi a todos los continentes y a más del 40 por ciento de la población de nuestro planeta. Actualmente, 1 600 millones de personas viven en países o regiones con escasez absoluta de agua y, para 2025, dos tercios de la población mundial podrían vivir en condiciones de disponibilidad limitada de agua. La principal razón de lo anterior es el consumo excesivo de agua para la producción de alimentos. La falta de agua limita la capacidad de los agricultores para producir alimentos suficientes para su consumo o para ganarse la vida. Asia meridional, Asia oriental y el Oriente Medio, por ejemplo, se aproximan o han excedido los límites de sus recursos hídricos, y su población sigue creciendo. La producción de alimentos en algunas partes de América del norte ya es insostenible debido al agotamiento del agua del subsuelo.

La competencia por el agua aumenta

Dado el aumento de la población y el crecimiento económico, la demanda de agua para las ciudades y la industria está creciendo mucho más rápidamente que la demanda agrícola. Sólo en la agricultura ya compiten por los recursos hídricos los productos básicos, la ganadería, la pesca continental y la acuicultura, así como los cultivos no alimentarios, comprendidos los producidos para obtener fibras y biocombustibles. Compiten asimismo el agua potable, la sanidad, la energía hidroeléctrica y determinadas actividades recreativas. Todos estos usos pueden competir entre sí y algunos pueden considerarse de mayor prioridad que los alimentos. La yuxtaposición de la población urbana en acelerada expansión y la irrigación en una misma cuenca fluvial ya constituye una fuente importante de conflicto y obliga a la agricultura a limitar su uso de agua. Es necesario coordinar e integrar la gestión de todos los usos del agua, especialmente para proteger los intereses de los pobres y de otros grupos vulnerables, en particular las mujeres, que son las primeras en perder acceso al agua cuando aumenta la competencia.

Los recursos de tierras y aguas están degradados

En los decenios de 1970 y 1980 la revolución verde –basada en la intensificación por medio de variedades de alto rendimiento, insumos químicos como los fertilizantes y los plaguicidas, e irrigación − produjo efectos muy positivos en la producción mundial de alimentos, y liberó en gran medida al mundo de las hambrunas debidas a déficits de la producción de alimentos.

Pero esto ha tenido repercusiones significativas sobre el medio ambiente. Una cuarta parte de las tierras del mundo están degradadas. Muchos grandes ríos ahora se secan durante una parte del año, con graves consecuencias para la biodiversidad acuática. Los grandes lagos y los mares interiores se han reducido, y la mitad de los humedales de Europa y América del Norte ya no existen. La producción pecuaria intensiva y el uso excesivo de fertilizantes o plaguicidas químicos también han contaminado las masas de agua. La contaminación del agua es una causa importante de la disponibilidad reducida de agua para diversos usos y puede producir serios efectos en el medio ambiente y en el bienestar humano. Está aumentando el número de regiones que no pueden satisfacer las necesidades alimentarias básicas de su población en crecimiento. Muchos de estos lugares corren riesgo porque el impacto en el medio ambiente no tiene remedio (véase el mapa).

Acerca del Día Mundial del Agua

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el 22 de diciembre de 1993 la resolución A/RES/47/193 por la que el 22 de marzo de cada año fue declarado Día Mundial del Agua, a celebrarse a partir de 1993, en conformidad con las recomendaciones de la Conferencia de la Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo contenidas en el Capítulo 18 (Recursos de Agua Dulce) de la Agenda 21. Se invitó entonces a los diferentes Estados a consagrar este día, en el marco del contexto nacional, a la celebración de actividades concretas como el fomento de la conciencia publica a través de la producción y difusión de documentales y la organización de conferencias, mesas redondas, seminarios y exposiciones relacionadas con la conservación y desarrollo de los recursos hídricos así como con la puesta en práctica de las recomendaciones de la Agenda 21.

 

El Fondo del Agua para América Latina y el Caribe

 

Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento Aecid
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¿Qué es el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento?

El Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento (FCAS) es un instrumento de la Cooperación Española que tiene como principal objetivo asegurar el acceso a agua potable y saneamiento a las poblaciones más necesitadas de América Latina y el Caribe. La falta de estos servicios básicos es uno de los elementos que mantiene a millones de personas en la pobreza, y tiene un impacto negativo en la salud, la educación, la igualdad de género, y la sostenibilidad del medio ambiente en la región.

El Fondo se creó en 2007 y comenzó sus actividades en 2008. Está dotado con 1.500 millones de dólares (aproximadamente 1.200 millones de EUR). Es fruto del compromiso adquirido por España para hacer efectivo el derecho humano al agua potable y al saneamiento, como se establece en el III Plan Director de la Cooperación Española, y supone una importante contribución para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El Fondo es una iniciativa de cooperación para el desarrollo que incorpora los principios de la Declaración de París (DP) sobre la Eficacia de la Ayuda al Desarrollo.

El Fondo permite poner en marcha programas y proyectos del sector agua y saneamiento en los países socios de la región, priorizando a los países más pobres y a las poblaciones más vulnerables. Sus aportaciones se centran en la dotación de infraestructuras para garantizar el acceso al agua y saneamiento de poblaciones que carecen del servicio, en la asistencia para el establecimiento de sistemas de gestión pública, eficiente, transparente y participativa de los servicios, y en el fortalecimiento de las instituciones y organismos públicos de los países receptores para propiciar el diseño y puesta en marcha de políticas integrales que aseguren la sostenibilidad del recurso agua.

El Fondo se gestiona desde la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), a través de la Dirección de Cooperación Sectorial y Multilateral de la AECID, donde se enmarca el Departamento del Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento. Para su funcionamiento se ha dotado de un Comité Ejecutivo del que forman parte varios Ministerios relacionados con la materia, y de un Consejo Asesor en el que participan actores públicos, privados y ONGD.

El Fondo, con Haití siempre

Dos años después del terremoto, la ayuda de emergencia da paso a acciones de desarrollo.

En el segundo aniversario del terremoto que devastó Puerto Príncipe y sus alrededores, el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento ha comenzado a reorientar sus ayudas a Haití, que en los últimos dos años se han destinado a responder a la emergencia, a programas de desarrollo que dotarán al país de un sector público de agua y saneamiento sostenible, eficiente y accesible. España, cuarto donante en Haití, es el principal donante en este sector tan crítico para la salud y la superación de la pobreza del pueblo haitiano.

La necesidad es enorme: más de la mitad de la población de Haití no tiene acceso a agua potable y el saneamiento es prácticamente inexistente, lo que favorece la transmisión de enfermedades como el cólera, las fiebres tifoideas y en general enfermedades ligadas con las diarreas. El impacto de estas condiciones sobre la salud de la población haitiana es uno de los factores que contribuye a que Haití sea el país más pobre del Hemisferio.

Haití sigue siendo el país prioritario para el Fondo, algo que no solamente se refleja en los fondos comprometidos (€172.2 millones), sino también en el importante papel que tiene la ayuda española en la construcción de infraestructuras y en el apoyo a la profunda reforma institucional que Haití lleva a cabo en el sector del agua y el saneamiento. Por la gran envergadura de las reformas, la práctica totalidad de la población de Haití se beneficiará de las acciones del Fondo a largo plazo.

“Dos años después del terremoto y a pesar de las grandes dificultades de coordinación y logística sobre el terreno, la Cooperación Española sigue trabajando codo con codo con las instituciones haitianas para procurar que la población tenga acceso al agua y al saneamiento”, aseguró Adriano García-Loygorri de la AECID. “Si bien en un principio las actuaciones se centraron en paliar la catastrófica situación post terremoto, hoy en día estamos fijando nuestra mirada en el largo plazo”.

Puerto Príncipe está a punto de inaugurar una planta de tratamiento de excretas construida con ayudas de emergencia del Fondo que depurará una parte importante de los residuos de la ciudad, una planta necesaria también para el servicio de los campamentos de desplazados, donde aún viven más de medio millón de personas. En una visita realizada el pasado octubre a las obras de la depuradora, situada en la comunidad de Titanyen, S.M. la Reina Sofía destacó que “este trabajo demuestra que los dos países han sido capaces de actuar unidos en favor del desarrollo en Haití”.

Durante los últimos dos años, el Fondo reorientó la ayuda que inicialmente iba destinada a programas de desarrollo para responder a la emergencia del terremoto y a la epidemia de cólera que le siguió, garantizando el acceso a los servicios mínimos de agua y saneamiento a los afectados, enviando materiales básicos como sueros, jabón y laboratorios portátiles, ofreciendo apoyo logístico y realizando campañas de prevención del cólera y otras enfermedades de origen hídrico. Parte de estas ayudas también se han destinado a la reconstrucción de sistemas de agua y saneamiento dañados o destruidos por el seísmo y a la construcción de la planta de tratamiento de Titanyen.

El fondo de emergencia del terremoto al que contribuyó el Fondo atendió a 3.5 millones de personas tras el seísmo y contribuyó al envío del primer avión con material humanitario que luego se distribuyó por todas las zonas afectadas a través de las ONG. Se garantizó el cloro para la potabilización del agua y se pagó la distribución gratuita de ésta durante los dos primeros meses tras la catástrofe.

Durante la epidemia de cólera, el Fondo contribuyó a que 5 millones de personas recibieran agua tratada a través del sistema público, y a que se distribuyeran pastillas de cloro que han servido para la desinfección de agua en más de un millón de hogares. Gracias a los esfuerzos conjuntos de actores en este sector, la población de Puerto Príncipe hoy cuenta con mayor acceso al agua potable que antes del terremoto.

Aunque Haití todavía necesita ayudas de post emergencia, las acciones del Fondo se centran cada vez más en la construcción de infraestructura permanente y en apoyar los cambios institucionales necesarios para que el país pueda disfrutar de un sistema público sostenible, efectivo y accesible a largo plazo. Ya están en marcha los estudios de factibilidad y el diseño de los sistemas de agua y saneamiento que darán servicio a las zonas urbanas y rurales más desfavorecidas del país. Estos sistemas extenderán servicios a comunidades rurales como las del Departamento de Artibonite y a las seis ciudades más grandes del país después de Puerto Príncipe.

El Fondo tiene un papel clave en la reforma del sector de agua y saneamiento en Haití. A través de los programas se está dando apoyo técnico y se está dotando de los recursos esenciales a las distintas estructuras que componen el entramado institucional del sector: la Dirección Nacional de Agua Potable y Saneamiento (DINEPA), las Oficinas Regionales de Agua Potable y Saneamiento (OREPA) y las Unidades de Desarrollo Rural (URD). También se está dando asistencia técnica a los operadores de los sistemas de agua de las ciudades principales del país de cara a mejorar la calidad de sus servicios; en Puerto Príncipe ya se han producido avances significativos en esta dirección. Estas instituciones son las responsables de crear un sector capaz de cubrir de manera efectiva las necesidades básicas de la población de Haití en agua y saneamiento.

Con Haití, antes y después

Haití era ya el país más pobre de América Latina y el Caribe cuando un terremoto de magnitud 7.3 en la escala de Richter sacudió Puerto Príncipe y sus alrededores el 12 de enero de 2010. En los 30 segundos que duró el temblor, 222.570 haitianos murieron, otros 300.000 resultaron heridos y 1,3 millones perdieron su hogar. El país perdió el 120 por cien de su PIB.

El terremoto sorprendió a la Cooperación Española trabajando codo con codo con los haitianos en programas de ayuda al desarrollo destinados a la lucha contra la pobreza. Antes del seísmo, Haití ya era un país prioritario para el Fondo de Agua, cuyos proyectos incluían la reforma del sector de agua y saneamiento y la dotación de servicios básicos a las zonas rurales y a las poblaciones más vulnerables del país.

Dos años tras el terremoto, la ayuda de emergencia da paso poco a poco a la ayuda al desarrollo.

 

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