Recuerdos del porvenir, Chris Marker

Octubre 2017
Recuerdos del porvenir (Chris Marker, 2001)
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Recuerdos del porvenir (Chris Marker, 2001)

 

En la entrada que Wikipedia dedica a Denise Bellon, se lee que tiene el mérito de ser la profesional que fotografió la primera exposición surrealista de la historia, en 1938. También, que estuvo vinculada a la agencia Alliance-Photo, a la que nutrió de abundantes fotografías de viajes.

Denise Bellon murió en 1999. Nos interesa la fecha de su óbito porque dos años después, su hija, la cineasta Yannick Bellon, y Chris Marker, realizaron la película “Le souvenir d´un avenir” (traducida al castellano como “Recuerdos del porvenir”), hilvanada de principio a fin con el trabajo fotográfico de su madre y amiga, respectivamente. Resultado: un homenaje a la fotógrafa muerta, al tiempo que la elaboración de un discurso donde se retrata lo que puede quedar de memoria en eso que llamamos historia.

39 años después de que Marker filmara con fotografías su primera y única ficción, “La jetée” [imprescindible el visionado de “La jetée”], Chris Marker vuelve a narrar una historia de la misma forma, con instantáneas. La diferencia entre ambas es que “La jetée” contiene imágenes que Marker había escrito previamente, mientras que en “Recuerdos del porvenir”, el cineasta se apropia (con permiso) de un trabajo fotográfico ajeno con el que termina levantando una historia que adquiere vida propia más allá de las historias que cuentan cada una de las fotografías que se exhiben en la película.

He leído en la entrada que el blog Naranjas de Hiroshima le dedica a “Recuerdos del porvenir” que “Marker rebusca entre más de 2.500 fotos y elabora con ellas una narración que no es biográfica” de Denise Bellon, para lograr, finalmente, que el trabajo de la fotógrafa la sobreviva a partir de los retratos que ella hizo, entre 1937 y 1956, “de la Francia de preguerra, de la África colonial, de sus protagonistas célebres y anónimos, de sus contiendas y revoluciones”.

La dialéctica chrismarkiana entra en ebullición en esta película. Las fotografías, de un lado, sostienen, cada una su discurso, y juntas, otro discurso; el comentario verbal, de otro, sostiene un tercer discurso, en otro plano, diferente. La dialéctica continuada, que es movediza y pantanosa, entre imágenes y voz, da como resultado un cuarto discurso que, llegado al espectador, puede haber explotado en número igual de pedazos que espectadores. Resultado, un diálogo que revienta en todas las direcciones posibles: entre las imágenes, entre las imágenes y la voz; entre Denise Bellon y Chris Marker, entre el presente y el pasado, entre la memoria y el olvido, entre la Historia y las historias, entre lo que se privilegia y lo que se invisibiliza, y, también, entre la película y el espectador… No cabe mayor generosidad comunicativa de un autor con respecto a su público.

No cabe mayor generosidad post-mortem de un cineasta con respecto a su amiga…

Nota publicada en Palabras de Pez Abisal
http://palabradepezabisal.blogspot.com.ar

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