Conversaciones Esther Ferrer y Rosario Peiró

 

Madrid, España. Diciembre 2019.
Conversaciones de creadoras: Esther Ferrer y Rosario Peiró
Museo del Prado
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Diálogo «Conversaciones de creadoras»: Esther Ferrer y Rosario Peiró

Conversación entre Esther Ferrer, artista, y Rosario Peiró, Responsable de Colección en el Museo Reina Sofía, el 5 de diciembre de 2019.

A partir del perfil de dos mujeres tan importantes del Renacimiento como Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, pioneras en la práctica artística y de las que el Museo organiza actualmente una exposición, hemos convocado a creadoras actuales para reflexionar sobre la creación artística y el rol de género.

 

 

Publicado en http://performancelogia.blogspot.com 

Utopía y Performance

Esther Ferrer

Para el Seminario del Instituto de Altos Estudios Artísticos de Paris «L’abri et l’utopie».

He empezado por un extracto de esta performance, por varias razones, la primera porque como llevo muchos años haciendo performances éstas son una parte importante de mi trabajo. Por otra parte me he dicho, seguramente hay una relación entre la performance y el título de este seminario «El abrigo y la utopía» (L’abri et l’utopie).

En realidad creo que en nuestro universo, todo está en relación con todo y que se puede llegar a hablar de las estrellas a partir de las ratas y viceversa.

La primera relación que he establecido, entre performances y utopía es una relación por oposición, es decir, si la utopía es el lugar del abrigo total – casi como un seno materno – la performances es todo lo contrario. Y hablando del seno materno, de la madre y todas las connotaciones que sugiere diré, entre paréntesis, que me parece una cuestión interesante el analizar la imagen de la mujer en la utopía. Una imagen de madre – purificada de su carácter sexual – que olvida completamente la mujer como tal, para privilegiar únicamente su función generadora: glorificándola como la madre de la nación (una glorificación frecuente en los fascismos). Una madre que será substituida por la sociedad, a la que se debe consagrar la vida, a la que todo debe supeditarse, pero que de cualquier manera estará regida siempre por una autoridad patriarcal.

Si analizamos las utopías clásicas, serias, vemos que jamás se encuentra a las mujeres a la cabeza de una sociedad utópica. Verdad es que prácticamente todas están escritas por hombres. y quizás sería también interesante preguntarse el por qué, por qué la mujer no se ha sentido tentada por la utopía literaria, por crear modelos de sociedad utópicos (un tema interesante que valdría la pena analizar).

Pero por el contrario, si se les encuentra a la cabeza cuando es cuestión de utopías irónicas, generalmente escritas para criticar una situación social dada, en un momento determinado, como fue el caso en Atenas en tiempos de Aristófanes (445-386 av. nuestra era) cuando este autor escribió «La Asamblea de las mujeres», que muchos autores citan como ejemplo de utopía (y no les falta razón).

La situación era tan mala en Atenas entonces, que Aristófanes sin duda pensó «no puede empeorar, incluso si las mujeres toman el poder», y escribió esta pieza en la cual efectivamente las mujeres consiguen que la Asamblea les elija para dirigir la república y, curiosamente todo va muy bien.

(Aunque la figura de la mujer en las utopías es también una cuestión que nos aleja del tema principal, he considerado interesante el introducirlo simplemente porque al decir de ciertos analistas «el fantasma utópico» puede ser (como lo es también el sueño), una vía de acceso al inconsciente». Si esto fuera cierto, quizá se podría acceder al inconsciente colectivo, a través del análisis de las utopías y a partir de ahí quizás establecer una terapia social capaz de ayudarnos a reglar ciertos problemas que existen en nuestra sociedad entre hombres y mujeres, por ejemplo.

(Bromeo un poco quizá pero no del todo).

Volviendo al tema Relaciones entre la performance y la utopía decía que si la utopía es el lugar del abrigo total, donde se está protegido contra todo, el arte de la performance, por el contrario, es el arte del no-abrigo, tanto por lo que se refiere al performer como por lo que respecta a la performance en si misma, como obra. Ni el uno ni la otra están protegidos por nada:

(Al tratar este aspecto quedará claro también, las diferencias fundamentales entre performance y teatro)

1 – Ni por el decorado o la iluminación teatral, etc. que crea universos de luz y sombras, situaciones irreales que distraen la atención del espectador y lo manipulan en el mejor y peor sentido de la palabra. Por otra parte, los actores actúan para un público que en realidad no ven, pues está sumergido en la oscuridad, sólo el escenario está iluminado. En consecuencia, el público se ve automáticamente condicionado a la pasividad, diré incluso a la no-existencia, la no-presencia. Trataré más tarde esta cuestión. En la performance, al menos en las mías, todo el mundo está sumergido en el mismo universo de luz o de oscuridad. Están en igualdad de condiciones. (Hablar quizá de las diferencias con el teatro popular que se realizaba y en parte se realiza todavía en la calle, a la luz del día, etc).

2 – Ni por la encarnación de un personaje, pues el performer no es un actor, no encarna más que a si mismo, no hay transposición posible.

En el teatro, el personaje corresponde a un «arquetipo» que hay que respetar, tanto si el actor se siente bien o mal, alegre o triste, en la performance no existe eso. Quizás es mucho menos exigente.

En consecuencia, la relación que el performer establece con el espectador es una relación directa, no protegida por un intermediario, el personaje encarnado por el actor. La relación, es una relación con el «yo» del performer.

3 – Ni por un texto, una historia que contar que puede servir para manipular las emociones, los sentimientos, etc. En la performance, todo está crudo, sin cocinar. Bueno, tengo que decir que aunque normalmente yo no empleo texto alguno en mis performances, he hecho una serie de ellas en el que lo más importante es el texto, y en las que hablo prácticamente todo el tiempo, porque la performance es precisamente el texto: «Contar performance» o «Zaj: Teoría y práctica».

4 – Ni por la distancia, el performer no está protegido por la distancia física, material que existe normalmente en el teatro por ejemplo, o en los conciertos, entre el actor y el público o incluso en un partido de football. Debido a esta ausencia de distancia, el espectador puede incluso tocar al performer, entrar en su espacio, agredirle, como nos ocurrió algunas veces en los años 60 y 70. Una época en que el público se sentía con el derecho legítimo a participar, una participación que a veces era violenta, e incluso muy violenta.

Por esta intervención, violenta o no, la performance puede quedar modificada completamente, estructurándose así de forma completamente diferente de la proyectada por su autor, en función de la reacción del público. Todo ello da a la performance cierta vulnerabilidad que considero forma parte de su esencia. Cage decía siempre que el accidente forma parte de la obra.

Si consideramos el primero de los tres elementos fundamentales de la performance, la presencia individualizada – los otros dos son el espacio y el tiempo – y analizamos un poco los diferentes tipos de utopía que existen, podemos comprobar que en general en la utopía, el individuo no existe, no hay individuo como tal, no hay más que utópicos – cualquiera que sea el nombre con el que se les denomine, proletarios, etc. – es decir, que pertenecen a la utopía, están en función de ella, a su servicio, su realización como individuos depende de la realización del proyecto utópico, de otra forma no existen..

Todo lo contrario que en la performance. En la performance está primero la presencia del performer como individuo, «viveur» empleando un término de la Internacional Situacionista, y después la presencia de diferentes otros individuos con los que se establece la relación y que para entendernos llamaremos público.

En realidad aunque emplee el termino público, no me gusta denominarlo así, pues en los años 6O en la época en que comenzó lo que hoy llamamos performances, que entonces no se llamaba así, se pretendía, precisamente, cambiar la situación estática teatral, en la que el público queda relegado a ser un elemento completamente pasivo, que normalmente se traga lo que le echen.

En la performance, la cuestión no es que el público se identifique con el héroe de la acción, como ocurre generalmente en el teatro, o con el proyecto utópico, sino que se identifique con él mismo y actúe en consecuencia. Esto no significa que la performance – al menos tal y como yo la entiendo – pretenda y busque la participación del público, al menos yo nunca la he buscado. Simplemente hay dos presencias: la del performer y la de los otros, dos presencias individualizadas y como tales, cada cual tiene la libertad de actuar como le parezca mejor.

En realidad, cuando yo comencé a hacer performances, se decía que la performance era simplemente una proposición. Un punto de partida para la creación de una situación que vivir en un lugar dado, en un momento determinado. Un poco como una «construcción de situaciones» (quizá efectivamente por influencia del «situacionismo»). Pero situaciones dinámicas, porque en la performance, las dos presencias que decía antes, son igualmente activas y necesarias, presencias individualizadas que juntas crean la performance, pues el público, haga lo que haga, lo quiera o no, está dentro de la performance, forma parte de la misma, está integrado en ella.

Si para el público el performer es el espectáculo, para este último lo es el público. En estas condiciones, ¿quien es el espectador de quien?

Pero esta también es otra cuestión que nos aleja del tema, aunque sería interesante analizar las causas de esta vuelta a la pasividad espectacular (de espectáculo), todo para ver, nada para vivir. Quizá porque las performance tienen lugar cada vez con más frecuencia en lugares teatrales o teatralizados, entre otras razones, pero hay muchas más.

Otro punto a considerar cuando se habla de utopía y performance es la de la inmutabilidad. La utopía es la continuidad, el no-cambio, pues el cambio es imposible teniendo en cuenta que la utopía, se supone de entrada, como un estado perfecto, un sueño, un proyecto concebido en la perfección. Una perfección particular – y empleo esta palabra con muchas reservas – puesto que la utopía es con mucha frecuencia exigente además de autoritaria.

Frente a la inmutabilidad de la utopía, la «mutabilidad» de la performance. La performance es una obra abierta. El performer no sabe nunca como las cosas van a desarrollarse, aun cuando haya estructurado cuidadosamente su performance. Será la dialéctica con el público lo que en última instancia le dará la forma. Es la tensión establecida positiva o negativa incluso, pero igualmente válida. La performance no está en el deber ser, está simplemente en el ser.

La performance es lo aleatorio, el cambio, la utopía es la fijación. La performance se sitúa en lo efímero, la utopía en lo eternal, en el no-azar.

¿Qué se puede decir del lugar, del espacio en que ambas se realizan?

La utopía no tiene lugar real, es simplemente un lugar ideal, libre de toda contaminación temporal. En las utopías clásicas, el lugar de la utopía es con frecuencia un lugar aislado, por ejemplo una isla, o si no lo, está protegido por murallas o montañas u otros elementos defensivos. Son pues en general, espacios cerrados, como úteros (paraísos..?) ya lo habíamos dicho antes.

Si la utopía no se sitúa en ninguna parte, la performance al contrario está por todas partes. Puesto que no tiene lugar específico, no tiene lugar propio, ocupa todos los lugares. Su lugar, son todos los lugares donde se produce, pues puede utilizarlos todos. (A mi me gusta decir que la Performance no tiene domicilio fijo, y como es el caso de todos aquellos que no lo tienen, su domicilio es la calle).

Pero estos lugares de performance, a diferencia de los lugares de la utopía, no están protegidos, ni libres de toda contaminación temporal, todo lo contrario, están totalmente sumergidos en ella, la performance no es purista, es plural simplemente (en arte no hay nada puro, decía Cage).

Todo este preámbulo tiene dos objetivos, el primero poner de relieve algo que considero muy importante, que la creación no es nunca pura y tenemos aquí otra diferencia fundamental con la utopía, que casi siempre insiste en la pureza, como pueden verificar leyendo cualquiera de las utopías clásicas. Cage decía nunca oigo un ruido puro o un sonido puro, sino un ambiente sonoro viviente, complejo e incalculable.

En la performance, el espacio es abierto, como la obra, lo más abierto posible, en todos los sentidos del término, físico y mental, pues ella, la performance, puede transformarse in situ, como he dicho antes. En la performance todo es posible. En la utopía, solo hay una vía posible, una sola forma de hacer.

Con respecto al tiempo, el tercer elemento, podemos decir que la performance es aquí y ahora, y la utopía es allí, un allí muy indefinido, y no se sabe muy bien cuando.

La utopía está fuera del tiempo, no tiene tiempo, se diría que huye del tiempo. Por el contrario, la performance integra los tiempos, hay muchos tiempos en la performance:

– Primero, el tiempo de ella misma en cuanto obra (generalmente yo las estructuro en tiempos, primero, segundo, tercero etc. que pueden ser muy diferentes). Además está lo que llamamos el tiempo real, es decir el tiempo convencional, el del reloj, que yo introduzco siempre en mis performances, de formas muy diferentes, pero está siempre presente.

No hay que olvidar tampoco el tiempo psicológico, de cada uno de nosotros y ciertamente muchos otros tiempos, el tiempo biológico, micro-tiempo, mega-tiempo, el tiempo profano, el tiempo sagrado, etc. hablar de este último quizás no sea una banalidad, ahora que se producen tantas performances que parecen rituales religiosos…

Pero además de todo lo ya dicho, también podemos considerar la performance como una utopía en si misma, en el sentido ideal «utópico» de considerarla como un arte que permite la integración del artista y del objeto de arte.

Si esto es en verdad utópico, lo que es cierto es que la performance puede integrar muchas cosas, al contrario de la utopía que es más bien selectiva.

Por otra parte además la utopía es definitivamente unidireccional, en ella nada es gratuito, todo tiene una utilidad precisa, responde a una necesidad concreta.

Todo lo contrario que en la performance, al menos como yo la comprendo.

El segundo objetivo de este preámbulo, es el de introducir el tema de la locura porque ciertos autores atribuyen al pensamiento utópico un carácter esquizofrénico. En una interpretación negativa del pensamiento utópico, éste es o puede ser un pretexto para evadirse del mundo y sus problemas angustiosos. En este caso hay una oposición individuo/sociedad generadora de problemas.

Según la moral utópica, la que gana siempre es la sociedad frente al individuo, un individuo que es anulado como tal. Aquí tocamos otro tema importante el individualismo y si tocamos el tema tenemos que citar a Stirner (1806/1856) un escritor muy particular, cuyo libro más conocido es “Lo único y su propiedad” y que en su época tuvo gran influencia particularmente entre los artistas surrealistas, sobre todo en su periodo libertario, perdidas ya definitivamente las ilusiones con relación a la Revolución rusa. Esta influencia se ve en los billetes que publicaban los surrealistas entre 1951 y 1953 en Le libertaire un periódico anarquista. Estos billetes que tienen títulos significativos, como “Le rêve et la revolution”, “Art soumis-Art engagé”, “Poète c’est à dire révolutionaire” donde se escriben cosas como: «quien no se revela no es digno de vivir», «libertad es una palabra vietnamita», «la libertad pertenece a quien la coge» o como dijo André Breton en «Prolegómenos para un tercer manifiesto del surrealismo o no» (1942):

«Hay que convencerse de que una vez se ha conseguido el acuerdo general sobre un tema, la resistencia individual es la única llave de la prisión».

Hablando de individualismo llegamos necesariamente al anarquismo, en realidad la única utopía que me interesa, porque es una utopía abierta al menos tal y como yo la interpreto.

Aunque muchos autores se niegan a considerar el anarquismo como una utopía, pues como Proudhon piensan que es perfectamente realizable, yo lo considero una utopía en el sentido positivo del término, pues para mí la anarquía es un fermento de transformación, además de que yo la asimilo a la creación. Es decir, hacer el camino, marchar y que si nosotros comenzamos a andar haremos el camino, es por citar un ejemplo más del Budismo ZEN, como el arquero cuya flecha va directa al blanco sin apuntar al mismo.

 

Este texto fue extraído de:
http://www.gipuzkoa.net

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http://www.gipuzkoa.net

 

 

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