Un medio para que otros existan

 

Berlín, Alemania. 1° Mayo al 6 de junio 2026.
Un medio para que otros existan.
Sobre w-o-r-k/s, exposición de Juan Pablo Echeverri
KLEMM’S Gallery
Leipziger Str. 57/58
https://www.klemms-berlin.com
instagram

 

 

 

Un medio para que otros existan.

Por Ayelén Ruiz

Sobre w-o-r-k/s, exposición de Juan Pablo Echeverri

May 01, 2026 – Jun 06, 2026

Juan Pablo Echeverri creció en la Bogotá de los años 80 y 90, en plena efervescencia de un anhelo cultural hacia el Norte: el cine de Hollywood, el rock anglosajón, los videoclips de MTV, Madonna. Para un joven gay en esa ciudad, esas imágenes no eran un consumo pasivo sino un vocabulario de supervivencia, un lenguaje que el entorno inmediato no le ofrecía y que había que ir a buscar afuera.

Ahí nace el gesto que define toda su obra: colombianizar el pop. Durante años lo apropia, lo personifica, se lo pone encima como quien se prueba un disfraz. Lo explora, lo consume, lo reformula una y otra vez. Ese movimiento es uno de los gestos más lúcidos del arte colombiano para pensar la relación entre lo propio y lo ajeno.

Su obra está anclada en la cultura visual del siglo XX, pero las preguntas que plantea son actuales ¿qué nos constituye como personas? ¿Cómo nos moldean las imágenes que consumimos? Para Echeverri, el yo no es una esencia fija sino una acumulación de referencias, emociones y máscaras que la cultura pop fue dejando en cada rincón del planeta. No denuncia ese proceso desde afuera, lo vive desde adentro, como contradicción y como recurso al mismo tiempo.

Es un ser fragmentado que construye su identidad a partir de múltiples ficciones. Pero esa fragmentación no es una falla, es un método la forma en que toda una generación aprendió a ser a través de lo que consumía.

En su obra, el archivo nunca es secundario, es la obra misma en estado latente, un depósito de identidades posibles a la espera de ser convocadas frente a la cámara. Y hay algo en ese trabajo que se resiste al paso del tiempo, no por negación sino por insistencia: la certeza de que el juego, la transformación y la curiosidad no caducan.

Echeverri murió a los 43 años, su desaparición temprana deja una pérdida difícil de resolver, sobre todo porque ese archivo sigue siendo una fuente inagotable. todo lo que su obra todavía podría seguir generando, todas las identidades que quedaron sin convocar frente a la cámara. En los últimos tres años, la obra de Echeverri ha atravesado una recontextualización sustancial, consolidando su legado como una fuerza significativa en la creación de imágenes contemporáneas. Sus piezas han sido adquiridas por instituciones prominentes, incluyendo el MoMA, la Pinakothek der Moderne de Múnich, el Victoria & Albert Museum, Deutsche Börse y el Museo Reina Sofía de Madrid.

w-o-r-k/s, la muestra que la galería Klemm’s presenta en Berlín, funciona como un gran dispositivo de entrada al universo de Echeverri. No es una retrospectiva en el sentido convencional, sino un recorrido por dos décadas de trabajo que despliega, en los dos espacios de la galería, la variedad casi inagotable de estrategias que el artista usó para pensar la imagen como fotografía fija, imagen en movimiento, series completas construidas como sistemas cerrados con lógica propia. Cada ciclo tiene su propia gramática visual, y es justamente esa multiplicidad de lenguajes la que permite entrar en su obra desde ángulos distintos, sin necesidad de conocerla toda de antemano.

La muestra retoma dos elementos que atraviesan toda su práctica la grilla y el retrato, usados como herramienta de análisis tanto psicológico como social. Ambos formatos funcionan en Echeverri como estructuras de repetición y vocabulario.

Juan Pablo forma MariconnA, el alter ego con el que hacía playback de canciones de Madonna en su propia habitación, y en versiones reescritas en español de temas como Papa Don’t Preach, convertida en Papi soy Gay. Esos videos caseros, grabados entre 2002 y 2004 y nunca pensados para el público, funcionan hoy como el origen de todo lo que vendría después ahí está ya la cámara como espejo, el cuarto como escenario, la identidad como algo que se ensaya antes de mostrarse.

Ahí nace el gesto que define toda su obra colombianizar el pop. Durante años lo apropia, lo personifica, se lo pone encima como quien se prueba un disfraz. Lo explora, lo consume, lo reformula una y otra vez. Ese movimiento es uno de los gestos más lúcidos del arte colombiano para pensar la relación entre lo propio y lo ajeno.

Esa misma lógica atraviesa miss fotojapón, la serie que lo acompañó por más de veinte años, una fotografía tipo carnet, tomada casi a diario desde julio de 2000, que fue acumulando miles de versiones de su propio rostro. No empezó como obra de arte. Se convirtió en una con el tiempo, a medida que Echeverri entendía que esa acumulación diaria tenía un peso que ninguna imagen aislada podía tener.

Su obra está anclada en la cultura visual del siglo XX, pero las preguntas que plantea son actuales ¿qué nos constituye personas? ¿Cómo nos moldean las imágenes que consumimos? Para Echeverri, el yo no es una esencia fija sino una acumulación de referencias, emociones y máscaras que la cultura pop fue dejando en cada rincón del planeta. No denuncia ese proceso desde afuera lo vive desde adentro, como contradicción y como recurso al mismo tiempo.

Es un ser fragmentado que construye su identidad a partir de múltiples ficciones. Pero esa fragmentación no es una falla, es un método la forma en que toda una generación aprendió a ser a través de lo que consumía.

En su obra, el archivo nunca es secundario, es la obra misma en estado latente, un depósito de identidades posibles a la espera de ser convocadas frente a la cámara. Y hay algo en ese trabajo que se resiste al paso del tiempo, no por negación sino por insistencia. La certeza de que el juego, la transformación y la curiosidad no caducan.

Echeverri murió a los 43 años, de causas naturales. Su desaparición temprana deja una pérdida difícil de resolver, sobre todo porque ese archivo sigue siendo una fuente inagotable. Todo lo que su obra todavía podría seguir generando, todas las identidades que quedaron sin convocar frente a la cámara.

w-o-r-k/s, la muestra que la galería Klemm’s presenta en Berlín, funciona como un gran dispositivo de entrada al universo de Echeverri. No es una retrospectiva en el sentido convencional, sino un recorrido por dos décadas de trabajo que despliega, en los dos espacios de la galería, la variedad casi inagotable de estrategias que el artista usó para pensar la imagen. fotografía fija, imagen en movimiento, series completas construidas como sistemas cerrados con lógica propia. Cada ciclo tiene su propia gramática visual, y es justamente esa multiplicidad de lenguajes la que permite entrar en su obra desde ángulos distintos, sin necesidad de conocerla toda de antemano.

La muestra se despliega en dos plantas de la galería. Abajo, los primeros videos de juventud crean un clima íntimo, casi doméstico. Arriba, tres obras murales dominan la sala principal como fuerzas propias MUTILady (2003), donde el cuerpo pintado y la cabeza rapada convierten al cabello en el verdadero portador de identidad; boYOs (2008), su retrato de 25 mujeres lesbianas sobre fondo rosa, organizado en un gran triángulo invertido; y Club of the UnLoved (2015), nacida de un invierno de karaoke en Provincetown, donde cada imagen dialoga con fragmentos de letras de canciones de desamor. Se suma miss fotojapón, presentada en un formato que el propio artista diseñó una secuencia que obliga al espectador a acercarse y mirarlo a los ojos, uno por uno.

La muestra retoma dos elementos que atraviesan toda su práctica la grilla y el retrato, usados como herramienta de análisis tanto psicológico como social. Ambos formatos, en apariencia simples, funcionan en Echeverri como estructuras de repetición multiplicar el rostro, multiplicar el gesto, hasta que la acumulación misma se vuelve argumento. Es ahí donde se conecta con lo que veníamos planteando si el yo es una acumulación de referencias y máscaras, la grilla es la forma visual más precisa para mostrarlo. Cada casillero es una identidad posible, una versión más del archivo latente que su obra nunca deja de convocar.

En el centro de todo sigue la misma pregunta la identidad como performance, el cuerpo y el rostro casi siempre el propio como material de trabajo, el artista como coleccionista de personalidades que demuestran, con su sola acumulación, que norma y desviación son categorías construidas, no naturales. Lo que w-o-r-k/s permite ver, con la distancia que dan los años y la recontextualización institucional reciente de su obra, es que ese gesto no era una ocurrencia puntual, sino un método sostenido durante dos décadas con una coherencia formal notable, incluso cuando el registro cambiaba de serie a serie.

Detrás de esta muestra hay un trabajo sostenido de reconstrucción. Marcela Echeverri, hermana del artista e historiadora, lleva varios años reconstruyendo su archivo y armando una narrativa que hace justicia a la amplitud de su obra. Ese trabajo, en conjunto con Klemm’s, ya dio frutos concretos: piezas suyas forman hoy parte de las colecciones del MoMA, la Pinakothek der Moderne de Múnich, el V&A, la Deutsche Börse y el Reina Sofía, y Phaidon lo incluyó como uno de los artistas más influyentes de América Latina. w-o-r-k/s es la segunda muestra individual fruto de esa colaboración, después de Identidad Perdida en 2023, y confirma algo que ya venía sucediendo: la obra de Echeverri, lejos de cerrarse con su muerte, sigue encontrando nuevas formas de circular y de leerse.

 

 

 

 

 

Juan Pablo Echeverri, w-o-r-k/s, 2026. Installation view. Courtesy the Estate of Juan Pablo Echeverri, Bogotá and Klemm’s, Berlin. Photograph: Charlotte Walter

 

ENG

A Means for Others to Exist

Juan Pablo Echeverri grew up in Bogotá in the 1980s and 90s, in the full swell of a cultural longing for the North: Hollywood cinema, Anglo rock, MTV videos, Madonna. For a young gay man in that city, those images weren’t passive consumption but a vocabulary of survival, a language his immediate surroundings didn’t offer and that had to be sought elsewhere.

That vocabulary took early shape in MariconnA, the alter ego through which he lip-synced Madonna songs in his own bedroom, and in Spanish rewrites of songs like «Papa Don’t Preach,» turned into «Papi soy Gay.» Those home videos, filmed between 2002 and 2004 and never intended for an audience, now stand as the origin of everything that followed: the camera as mirror, the bedroom as stage, identity as something rehearsed before it’s shown.

That’s where the gesture defining his entire body of work is born Colombianizing pop. For years he appropriates it, personifies it, puts it on like a costume he keeps trying on. He explores it, consumes it, reformulates it again and again. That movement is one of the most lucid gestures in Colombian art for thinking through the relationship between the familiar and the foreign.

That same logic runs through miss fotojapón, the series that accompanied him for over twenty years: a passport-style photograph, taken almost daily starting in July 2000, accumulating thousands of versions of his own face. It didn’t start as an artwork. It became one over time, as Echeverri came to understand that this daily accumulation carried a weight no single image could hold on its own.

His work is anchored in twentieth-century visual culture, but the questions it raises are urgent today what constitutes a person? How are we shaped by the images we consume? For Echeverri, the self is not a fixed essence but an accumulation of references, emotions, and masks that pop culture scattered into every corner of the planet. He doesn’t denounce that process from the outside; he inhabits it from within, as both contradiction and resource at once.

He is a fragmented being who builds his identity out of multiple fictions. But that fragmentation isn’t a flaw, it’s a method: the way an entire generation learned to be through what it consumed.

In his work, the archive is never secondary. It is the work itself in a latent state, a reservoir of possible identities waiting to be summoned in front of the camera. And there is something in that body of work that resists the passage of time, not through denial but through insistence: the certainty that play, transformation, and curiosity never expire.

Echeverri died at 43. His early death leaves a loss that’s hard to reconcile, especially because that archive remains an inexhaustible source everything his work could still generate, all the identities that were never summoned in front of the camera.

Over the past three years, Echeverri’s work has undergone substantial recontextualization, cementing his legacy as a significant force in contemporary image-making. His pieces have entered major institutional collections, including MoMA, the Pinakothek der Moderne in Munich, the Victoria & Albert Museum, the Deutsche Börse, and the Museo Reina Sofía in Madrid.

w-o-r-k/s, the exhibition presented by Klemm’s gallery in Berlin, works as a vast entry point into Echeverri’s universe. It isn’t a retrospective in the conventional sense, but a journey through two decades of work that unfolds, across the gallery’s two spaces, the nearly inexhaustible range of strategies the artist used to think through the image, still photography, moving image, entire series built as closed systems with their own internal logic. Each cycle has its own visual grammar, and it’s precisely that multiplicity of languages that allows viewers to enter his work from different angles, with no need to know it all beforehand.

The show unfolds across two floors of the gallery. Downstairs, the early youth videos create an intimate, almost domestic atmosphere. Upstairs, three wall-based works dominate the main room like forces of their own MUTILady (2003), where the painted body and shaved head turn hair into the true carrier of identity; boYOs (2008), his portrait of 25 lesbian women against a pink background, arranged into one large inverted triangle; and Club of the UnLoved (2015), born out of a winter of karaoke in Provincetown, where each image is paired with fragments of heartbreak song lyrics. miss fotojapón joins them, presented in a format the artist himself designed a sequence that forces the viewer to step closer and meet his eyes, one by one.

The exhibition returns to two elements that run through his entire practice the grid and the portrait, used as tools for both psychological and social analysis. Both formats, deceptively simple, function in Echeverri’s work as structures of repetition, multiplying the face, multiplying the gesture, until the accumulation itself becomes the argument. That’s where it connects back to the idea running through the whole show. if the self is an accumulation of references and masks, the grid is the most precise visual form for showing it. Each cell is a possible identity, one more version of the latent archive his work never stops summoning.
At the center of it all is the same question identity as performance, the body and face almost always his own as working material, the artist as a collector of personalities who prove, through sheer accumulation, that «norm» and «deviation» are constructed categories, not natural ones. What w-o-r-k/s reveals, with the distance that time and the recent institutional recontextualization of his work provide, is that this gesture was never a one-off. It was a sustained method across two decades, marked by remarkable formal coherence even as the register shifted from series to series.

Behind this exhibition lies sustained work of reconstruction. Marcela Echeverri, the artist’s sister and a historian, has spent several years rebuilding his archive and shaping a narrative that does justice to the full breadth of his work. That work, together with Klemm’s, has already borne concrete fruit: his pieces now belong to the collections of MoMA, the Pinakothek der Moderne in Munich, the V&A, the Deutsche Börse, and the Reina Sofía, and Phaidon has named him one of Latin America’s most influential artists. w-o-r-k/s is the second solo exhibition to come out of that collaboration, following Identidad Perdida in 2023, and confirms something already underway Echeverri’s work, far from closing with his death, keeps finding new ways to circulate and to be read.

 

+ info https://www.klemms-berlin.com

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