Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Inauguración 13 de agosto al 14 de noviembre 2026.
Exposición Suceso Natural, de Pablo La Padula, Bernardo Montoya Chaux y Juan Ridolfi
Oda galería
Paraná 759 Piso 1 CABA
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Exposición
SUCESO NATURAL
PABLO LA PADULA | BERNARDO MONTOYA CHAUX | JUAN RIDOLFI CURADURÍA RUTH GEOFFROY
Oda galería
Paraná 759 Piso 1 CABA
Lunes a jueves de 15 A 19 HS
Oda galería de arte se complace en presentar Suceso Natural, una muestra colectiva que reúne obras de Pablo La Padula, Bernardo Montoya Chaux y Juan Ridolfi, con curaduría de Ruth Geoffroy.
A través de prácticas que dialogan con la biología, la geología, la cerámica y los materiales orgánicos, la exposición propone un recorrido donde la naturaleza deja de ser un tema de representación para convertirse en materia, proceso y forma de conocimiento. Las obras reunidas establecen un vínculo profundo con el territorio y con los ciclos de transformación de la materia, revelando modos de creación que surgen de la observación, la experimentación y la experiencia directa con el entorno.
Lejos de concebir la producción artística como una acción separada del mundo natural, Suceso Natural pone en relación tres investigaciones que entienden el hacer artístico como una continuidad de los procesos de la naturaleza, invitando a repensar los vínculos entre materia, paisaje y creación contemporánea.

Pablo La Padula, [Detalles] Gramática de humo, políptico de 27 piezas de 4 series, políptico total: 210 x 450 cm medida cada obra 70 x 50 cm, 2018-2024.
SUCESO NATURAL
Esta narrativa expositiva reúne a tres artistas contemporáneos hermanados por una misma vocación, la de crear con materiales primordiales y métodos que continúan el despliegue de la naturaleza. La muestra propone así un recorrido donde la materia deja de ser mero soporte para volverse campo de pensamiento y de vínculo con el mundo, un territorio donde la mano y la sustancia orgánica se reconocen en un mismo gesto creador.
Pablo La Padula combina una doble condición, artista y doctor en Ciencias Biológicas, cruce que impregna su acercamiento a la combustión y al dibujo trazado con la huella del carbono, en un gesto que rememora el impulso remoto del arte rupestre en el paleolítico. En su instalación Gramática de Humo despliega un alfabeto propio donde conviven el registro de especies vegetales, fragmentos de su propia anatomía y formas abstractas, resultado de una observación atenta de las lógicas secretas con que la naturaleza organiza sus formas.
El artista colombiano Bernardo Montoya Chaux modela en barro el tiempo, los ciclos y la arquitectura que sostienen lo viviente. Tierra, Fuego, Agua y Aire son cuatro obras compuestas con esferas cerámicas, unidad básica de su lenguaje plástico, que evocan al mismo tiempo células, planetas y semillas. Despliega además una instalación de sesenta piezas tituladas Mantos, dispuestas como una partitura imaginaria surgida de la composición sonora Melodía de Arcilla, obra de Marcos Micozzi.

Bernardo Montoya Chaux, Agua, cerámica en acrílico, 50 x 50 cm, 2025 Juan Ridolfi, Hortensias y Arazá, revoques de tierra estabilizada pigmentada sobre madera, 120 cm x 60 cm, 2025
El trabajo de Juan Ridolfi resulta inseparable de su vivencia en las Sierras Grandes del Valle de Calamuchita, en Córdoba, determinada por la geología singular, los sedimentos propios, la flora nativa y la biodiversidad de ese contexto. Esa experiencia de habitar el territorio impregna cada pieza construida con revoques de tierra, en un gesto que reverencia ese vínculo sustancial con el lugar.
En conjunto, estas obras recuperan ciertas derivas del arte contemporáneo que desde mediados del siglo veinte interrogaron la separación entre creación y paisaje, entre artificio y proceso vivo, como el arte povera, el land art, o la serie Siluetas de Ana Mendieta, quien dejó la impronta de su propio cuerpo sobre barro, arena y follaje, disolviendo el límite entre la figura humana y la tierra hasta volverlas una sola presencia.
Desde el punto de vista filosófico, esta narrativa se acerca al pensamiento estoico, que concibió el cosmos como un organismo vivo atravesado por una razón universal a la que llamó logos, principio activo que habita y organiza la materia desde dentro. El cosmos era para el estoicismo un ser único y racional que se piensa mientras se despliega, produciendo sus propias formas, como el calor que nace del fuego y la semilla que ya contiene el árbol que crecerá de ella. También llamaron pneuma a esa razón, a ese aliento sutil que recorre los minerales, los cuerpos vivos y los astros con distinta intensidad pero en permanente continuidad, de modo que la piedra, el animal y el ser humano resultan grados diferentes de tensión de un mismo principio cósmico. Lo que distinguía al ser humano de las demás creaturas era justamente la capacidad de volverse consciente de esa razón universal, y de ahí entendían que vivir bien significaba actuar en coherencia con ese principio, reconociendo que todo producto del hacer humano es parte del mismo proceso del que también participa la piedra y el árbol.
Esa comprensión fue desplazándose en el pensamiento filosófico y técnico que la historia occidental fue sedimentando durante siglos. Platón pensaba la materia como imitación imperfecta de las ideas, mientras Aristóteles distinguía entre la forma que impone el mundo físico y la que el artesano añade desde afuera. Más tarde el Renacimiento enalteció como genio al artista capaz de superar lo natural en lugar de continuarlo, y Descartes separó la mente del mundo material, dividiendo lo físico del lado de aquello que existe sin conciencia ni propósito propio. La semiótica contemporánea permite advertir con claridad las consecuencias de ese binarismo, pues lo revela primero en el lenguaje y, a través de él, se proyecta luego sobre el mundo, de manera que cuando lo natural y lo artificial se convierten en signos opuestos el territorio termina reducido a recurso, el suelo a sustrato y el bosque a madera. Lo que el pensamiento moderno fue silenciando es el hecho de que el contexto biológico, geográfico, físico y químico que rodea a una comunidad determina sus formas de conocer, sus materiales, sus ritmos y su manera de habitar, y que quienes viven en las alturas perciben el mundo de manera distinta a quienes habitan las costas, no solo por tradición cultural sino porque la presión atmosférica, la luz, la flora, la fauna y el agua moldean el cuerpo y la percepción antes de que cualquier otra mediación entre en juego.
Trascender la lógica dual entre natura y artificio supone reconocer lo que el logos y el pneuma ya habían enseñado, la antigua creencia de que la piedra, el humo y la mano que los transforma comparten una misma razón universal. Lo que esta constelación de obras propone es una restitución de la mirada, una invitación a comprender que el territorio no es un escenario disponible sino una inteligencia compartida.
Superar el binarismo es recuperar una forma de atención, una postura de reverencia ante lo que nos rodea y nos constituye. Es reconocer que la naturaleza habla y que el arte puede ser el medio que nos inspire a escucharla.
Ruth Geoffroy
Curadora
Pablo La Padula, [Detalle]
Gramática de humo, políptico de 27 piezas de 4 series, políptico total: 210 x 450 cm medida cada obra 70 x 50 cm, 2018-2024
PABLO LA PADULA
Texto por Ruth Geoffroy
Pablo La Padula, artista y científico, reflexiona sobre cómo el dominio del fuego transformó la relación del ser humano con la tierra y con el resto de lo viviente, y desde esa reflexión trabaja con la llama de las velas, convencido de que el humo constituye una de las primeras tecnologías humanas con menor impacto energético. Estudia, observa y pone en juego el proceso físico químico de la combustión sobre distintas superficies, capturando así el fenómeno orgánico mediante un procedimiento que remite al paleolítico. En ese gesto esboza un proto alfabeto propio, inspirado en las pinturas rupestres, donde reconoce la huella de lo humano entrelazada con lo biológico.
En Suceso Natural presenta un políptico de veintisiete piezas Gramática de Humo, que agrupa cuatro series. Geometrías de Humo reúne diez obras donde signos gaseosos abstractos ordenan el espacio del papel, trayendo consigo la matemática y la geometría que también habitan los patrones de lo natural. Humo y Color suma cinco piezas donde el color dialoga con la huella ígnea. Herbarios de Humo registra, mediante un proceso de calcos cercano al método de laboratorio, el rastro de especies vegetales, organismos autótrofos que constituyen la fuente primordial de energía para los seres heterótrofos. Anatomía de Humo, por su parte, registra fragmentos del cuerpo humano en una serie de autorretratos fragmentados.
El propio La Padula explica su trabajo cuando dice: «intuyo que la huella del humo del hoy, es de alguna forma un eco de lo rupestre del ayer, y que lo orgánico de aquella caverna fosforece aún en la penumbra de un geométrico espacio contemporáneo». En esa intuición se anida la
certeza de que el gesto de encender una
llama y dejar que su humo escriba sobre el
papel no es una novedad sino la reactivación
de un saber antiguo. Gramática de Humo
propone un método de conocimiento, una
forma de mirar la materia que hermana la
ciencia con la poesía y devuelve al gesto
artístico su condición más primordial, la de
nombrar el mundo a través de aquello que lo
compone.
BIO
Pablo La Padula es doctor y licenciado en Ciencias Biológicas (UBA) y académico de número en artes visuales de la Academia Nacional de Bellas Artes, una doble trayectoria que atraviesa el conjunto de su obra. Su producción forma parte de las colecciones del Museo delle Scienze e delle Arti dell’Università degli Studi della Campania Luigi Vanvitelli en Nápoles y de los museos de Arte Moderno y de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, mientras que su investigación ha sido publicada en revistas internacionales de referencia como Nitric Oxide y Journal of Applied Physiology.
Dirige actualmente el Laboratorio de Hipoxia y Respiración Celular del Instituto A. Taquíni UBA-CONICET y la revista Ciencia Hoy, y se desempeña como asesor académico del Centro de Arte y Naturaleza de UNTREF MUNTREF, además de enseñar en la licenciatura en Artes Electrónicas de esa universidad y en la Escuela de Arte y Patrimonio de la Universidad Nacional de San Martín. Fue también consejero cultural de la Ciudad de Buenos Aires entre 2019 y 2020.
Su trabajo indaga las relaciones que la ciencia ha tejido con la naturaleza a lo largo de su historia y explora sus modos de intelección visual como una manera de comprender aquello que nos resulta ajeno. Reseñado recientemente en Art Forum, Sculpture Magazine y GASNEWS, su recorrido incluye una residencia en el Museo Anatómico de Nápoles, la muestra individual Stone View en Miranda Bosch Gallery de Nueva York, la retrospectiva Transhumo curada por Eduardo Stupía en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, El lenguaje del humo en el Centro Cultural General San Martín y Prometeo encontrado en INNOVA Space Arte de Punta del Este. Su producción ha circulado además por instituciones como MALBA, Proa, Fortabat, el Centro Cultural Kirchner y el Centro Cultural Recoleta, consolidando una plataforma que conecta arte, ciencia y naturaleza a nivel internacional.
BERNARDO MONTOYA CHAUX
Texto por Ruth Geoffroy
Las obras que Bernardo Montoya Chaux presenta en esta muestra se forjan en los umbrales donde el calor extrema los límites de la materia, ensambladas a partir de pequeñas esferas cerámicas que funcionan como cápsulas de tiempo, signos minerales, fósiles del presente, donde confluyen el hacer del artesano y la paciencia de la tierra. Con distintas cromías, esas esferas se disponen y conforman las cuatro obras que tituló Tierra, Fuego, Aire y Agua.
Mantos es el nombre de una serie de más de sesenta piezas que encarna otra dimensión de su trabajo, la que remite a la idea del abrigo. Construidas con una cerámica tan fina que parece tejido, las esculturas se pliegan como telas, como piel, como contorno del útero terrestre. Para acompañar esa quietud cálida se invitó al creador e ingeniero en sonido Marcos Micozzi, argentino radicado en Berlín, a componer una pieza que inspirara el montaje de la instalación, de modo que los sesenta mantos quedaron dispuestos como notas suspendidas en Melodía de Arcilla, la composición resultante.
Octavio Paz escribió que «el alfarero es un demiurgo, inventa un mundo cerrado, redondo y perfecto», y en ese gesto demiúrgico Montoya sostiene una relación afectuosa con una tradición milenaria que traslada hacia una estética contemporánea. Cada pieza se vuelve así una oda al fuego, entendido como iniciador, alquímico y transformador.
BIO
Bernardo Montoya Chaux nació en Bogotá, estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y se graduó como artista plástico de la Universidad de los Andes, institución donde completó una especialización en Historia y Teoría del Arte Moderno y Contemporáneo y una maestría en Historia del Arte centrada en el papel de Casimiro Eiger y la galería El Callejón en la configuración del arte abstracto colombiano.
Su obra Semilla 1492 se emplaza de manera permanente en el Dante Fascell Park de Miami y forma parte de la Colección de Arte de la Fundación Amigos de las Colecciones de Arte del Museo del Banco de la República de Colombia. Fue ganador del Programa Nacional de Estímulos del Ministerio de Cultura de Colombia con Magmatismos y ha exhibido su trabajo individual y colectivamente en Colombia, México, Estados Unidos, Ecuador, Bélgica y España.
En 2013 fundó Salón Comunal, espacio que dirige desde entonces dedicado al arte contemporáneo en Bogotá, ciudad donde vive y trabaja. Su práctica se centra en la exploración de la materia como archivo de tiempo y experiencia. A través de capas de cerámica, pintura, ensamblajes y procesos acumulativos, sus obras evidencian dinámicas de transformación, desgaste y sedimentación. Su interés por los cruces entre arte y ciencia se traduce en dispositivos que tensionan lo técnico y lo sensible, proponiendo lecturas sobre los sistemas de producción, el residuo y la memoria material.
Bernardo Montoya Chaux, Aire, cerámica en acrílico, 50 x 50 cm, 2025
JUAN RIDOLFI
Texto por Ruth Geoffroy
Juan Ridolfi construye su obra como un acto de reconocimiento y reverencia hacia el paisaje y los ciclos de la vida, nutrida por el ecosistema de las Sierras Grandes del Valle de Calamuchita, territorio donde levantó su propia casa respetando el entorno y empleando materiales naturales. Admirador de la permacultura, sostiene que habitar un lugar significa empatizar con él, y que conocer el nombre de una planta, su función y sus cualidades particulares es lo que permite distinguirla de un simple yuyo.
En esta exposición presenta obras realizadas con revoque, técnica cuya materia prima es la tierra estabilizada y los sedimentos propios del paisaje que habita. Allí aparecen hortensias, pequeña mariposa nativa de la zona, junto a fragmentos de anatomía, vegetación constante y rastros de animales que atraviesan la superficie como huellas de un mismo territorio compartido. Ridolfi desentraña los patrones que la naturaleza teje en silencio y los traslada a sus piezas, convencido de que la forma de todas las cosas nace de vínculos, de relaciones y de conexiones que se sostienen en el tiempo.
Artista que llevó la técnica del revoque desde el gran formato mural hacia el soporte pictórico, Ridolfi ofrece en esta muestra un mural de sitio específico, hecho con los mismos materiales que la tierra le presta al resto de su obra. Con ese gesto, el muro abandona su condición de límite y se vuelve prolongación viva del paisaje que le dio origen.

Juan Ridolfi, Hortensias y Arazá, revoques de tierra estabilizada pigmentada sobre madera, 120 cm x 60 cm, 2025
BIO
Juan «Poncho» Ridolfi es un artista visual nacido en la Ciudad de Buenos Aires que reside actualmente en las Sierras Grandes de la provincia de Córdoba. Su camino expresivo comenzó de manera autodidacta en el ámbito del arte urbano, donde el muralismo se convirtió en su primer lenguaje mientras cursaba estudios de Diseño Industrial en la Universidad de Buenos Aires. Aquella etapa temprana lo llevó a recorrer distintas provincias argentinas y numerosos países de América Latina y del mundo, participando en festivales y desarrollando una obra mural que exploraba el vínculo entre la figura humana y los entornos naturales que la rodean.
La mudanza al Valle de Calamuchita en 2021 marcó un punto de inflexión en su práctica. El contacto sostenido con el paisajismo, la regeneración ecológica, la permacultura y la bioarquitectura fue transformando gradualmente su lenguaje visual, dando lugar a una obra mediada por los materiales propios de su entorno rural. Esta nueva etapa refleja tanto su experiencia personal de transformación como la del paisaje que habita, inscribiéndose en la ecología particular del chaco serrano. En la actualidad presenta en distintos espacios del país trabajos realizados con revoques de tierra, consolidando un cuerpo de obra donde la materia, el territorio y la memoria del lugar conviven en un mismo gesto artístico.
ACERCA DE LA CURADORA
Ruth Geoffroy es abogada egresada de la Universidad del Salvador y Licenciada en Curaduría y Gestión de Arte por ESEADE, ambas instituciones en Buenos Aires. Autora del libro «Curadurías Híbridas: Exposición de Poéticas Electrónicas/Tecnológicas en Espacios Físicos”. Posee un posgrado en Tecnologías en el Arte Contemporáneo por la Universidad de Buenos Aires, una diplomatura en IA aplicada a las Artes Mediales por la UNA y actualmente cursa el Doctorado en Artes y Tecnoestéticas en UNTREF.
Desde 2019 desarrolla curaduría e investigación independiente en arte electrónico y tecnológico, asesorando artistas de Argentina, Chile, Colombia, España y Uruguay, y creando proyectos curatoriales para convocatorias, premios y centros culturales.
Sus curadurías de 2025 incluyen «Tiempo Plegado» en Galería Judas de Valparaíso (Chile); en Buenos Aires «Ecos de lo Invisible» y «Seguir el hilo» en Galería Lorena del Pilar Art; «5 putos Kilos» en Galería Oda; la instalación «¿Quién es J. Doe?» en Central AFFAIR 2025; y la performance «EAR-THERTZ» para la 17 Bienal de Artes Mediales de Santiago de Chile. Curó la exposición «Manifesto Terrícola» (nov 2025/enero2026) de Solimán López en el MAC Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile.
Su proyecto «Indicios en la Arena» con Andrea Alkalay recibió mención especial en NUR 2025 de Casa Árabe y PHotoESPAÑA. Con Liana Strasberg y Hef Prentice ganó el premio de producción para «Gen_0», escultura postorgánica en 3D e IA. Curadora de XYZ sound scuptures obra multipremiada de los artistas Marcos Micozzi y Hef Prentice ganadora en 2026 de CUPRA + PHotoESPAÑA, y expuesta en ArtLAb Siroco Madrid y Artlab Buenos Aires.
Es la primera curadora en desarrollar un proyecto artístico en el exterior de la Estación Espacial Internacional acompañando al artista chileno Luis Guzmán.
ODA Gallery
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